En el largo y turbulento expediente del caso Cócteles —esa novela judicial donde durante años desfilaron fiscales, empresarios, dirigentes políticos y fantasmas de dinero clandestino— reapareció una figura que parecía haberse disuelto en el ruido mediático: Mark Vito Villanella.
Lo hizo desde el escenario más inesperado y contemporáneo: TikTok. Allí, convertido ahora en personaje viral y sobreviviente de un proceso que asegura devastó su vida, el exempresario difundió un video pocas horas antes de que el Poder Judicial decida si continuará enfrentando el juicio por lavado de activos.
La Segunda Sala Penal de Apelaciones Nacional evaluará este jueves su situación judicial. Vito permanece como el único acusado procesado luego de que la justicia archivara de manera definitiva las acusaciones contra Keiko Fujimori y otros dirigentes de Fuerza Popular, en cumplimiento de la sentencia emitida por el Tribunal Constitucional.
En su mensaje, Vito intentó desmontar la tesis fiscal que durante más de una década lo presentó como operador de una presunta empresa fachada. Con tono desafiante, aunque marcado por el desgaste de los años, formuló una pregunta que considera central en el proceso:
—“¿Existe realmente evidencia de lavado de activos a través de mi empresa?”— dijo mirando a cámara, como quien ya no busca convencer a jueces sino a la opinión pública.
El expropietario de MVV Bienes Raíces aseguró que su actividad como agente inmobiliario fue legítima y recordó que enfrentó una maquinaria judicial que lo citó, según afirma, en 265 oportunidades y realizó cinco pericias sobre sus operaciones comerciales. También sostuvo que la SUNAT fiscalizó dos veces sus actividades sin hallar irregularidades determinantes.
“Entregué 150 mil hojas de pruebas. Testigos reconocieron que fui agente inmobiliario. Los documentos demostraban el servicio brindado”, señaló, rechazando nuevamente la acusación de haber dirigido una empresa fantasma.
Pero más allá de la discusión jurídica, el mensaje de Vito reveló otra dimensión del caso: la erosión humana que dejan los procesos interminables. Describió cómo las restricciones judiciales afectaron sus relaciones laborales, paralizaron sus actividades comerciales y lo empujaron hacia un oficio improbable: el espectáculo digital.
“Nadie quiere contratar a alguien investigado”, afirmó. “Para sobrevivir busqué un trabajo que no podría decirse falso: un tiktoker, un personaje que da show. Era mi única opción”.
Hay en esa frase una metáfora involuntaria del Perú contemporáneo: un exempresario procesado que termina bailando en redes sociales mientras intenta financiar su defensa legal. La tragedia judicial convertida en entretenimiento de algoritmo.
Vito también cuestionó que el Ministerio Público iniciara un segundo proceso sustentado —según sostiene— en hechos que ya habían sido investigados previamente. “El dinero que ahorré honradamente con el sudor de mi frente estaba yendo a los costos que implicaba defenderme”, declaró.
La defensa del exempresario insiste en que las operaciones inmobiliarias investigadas no guardan relación con los aportes atribuidos a Fuerza Popular dentro del caso Cócteles. Por ello, busca que los efectos de la resolución del Tribunal Constitucional que benefició a Fujimori y otros implicados también alcancen a Vito.
En enero de este año, el juez Wilson Verástegui archivó los cargos contra la lideresa fujimorista y parte de los investigados, reconfigurando un caso que durante años fue presentado como uno de los mayores procesos anticorrupción de la política peruana reciente.
Ahora, mientras las salas judiciales vuelven a abrir sus puertas para decidir el destino del único acusado que queda en pie, Mark Vito intenta convencer al país de que detrás del personaje viral todavía sobrevive un hombre que espera, después de tantos años, que la justicia finalmente le dé la razón.
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