Tendría unos 18 o 19 años cuando, en la Universidad de Buenos Aires, intentó alzar su voz en una de esas tantas asambleas universitarias dominadas por estudiantes varones; entonces uno de ellos la mandó callar con estas palabras: “Pero, che, nena, si no sabés lo que hablás, andá a lavar platos”. “Esa fue una herida narcisista brutal”, dice Susana Reisz, sentada en la sala de su casa, en Miraflores, mientras explica por qué desde muy joven buscó rebelarse contra las desigualdades de género.

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Más adelante, hará otra confesión: “Estoy en un plan de recolección de recuerdos, de partes de mi vida, es algo normal cuando una está ya en base ocho… Hay el afán de no desaparecer del todo, de que por lo menos queden las palabras”. Y esas palabras que permanecen son sustantivas y están registradas en “El pensamiento psicoanalítico y la imaginación literaria”, un libro en el que ella recorre esos temas que siempre la motivaron: la subjetividad femenina, los mitos griegos, el psicoanálisis, la teoría literaria feminista. Intereses que modelaron un recorrido vital intenso con múltiples mudanzas entre Argentina, el Perú, Alemania y Estados Unidos.

—¿De qué manera su trabajo intelectual se insertó en esas “siete vidas” que comenta en el libro?

Lo que ocurre es que he hecho varias mudanzas en sentido literal y metafórico, porque yo nací en la Argentina, en Buenos Aires, y soy producto de la educación estatal… En la UBA [Universidad de Buenos Aires], para quienes queríamos estudiar Literatura, enseñaban, entre otras cosas, lengua griega y lengua latina, y yo me interesé particularmente por estos temas. Pienso que ahí tuvieron un peso particular mi profesora de latín, Aida Barbagelata, y mi profesor de griego, Eilhard Schlesinger, un alemán emigrado. Por eso, cuando terminé mi carrera de Filosofía y Letras, escogí hacer una tesis en lenguas clásicas. Y muy temprano también me conecté con el Perú. Recuerdo un curso de novela hispanoamericana, donde leí con gran fascinación “Los ríos profundos”, de José María Arguedas…

—El segundo capítulo del libro lo titula “Mis Antígonas”, ¿por qué el posesivo?

Porque Antígona es una de las figuras trágicas que me ha interesado, impactado y conmovido más. Es parte del mito fundante del psicoanálisis, porque es una de las hijas de Edipo.

Sigmund Freud, fundador del psicoanálisis, a inicios de la década del treinta.
Sigmund Freud, fundador del psicoanálisis, a inicios de la década del treinta. / Photo 12

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